domingo, 17 de junio de 2018

CATALUÑA EN LA HISTORIA (III)

Habíamos dejado a D Jaime el Conquistador, dueño y señor de sus posesiones, sin trabas tras el tratado de Corbeil. A nuestro buen rey, le crecían los enanos, en forma de nobles levantiscos, tanto aragoneses como catalanes, teniendo que sofocar una revuelta de la nobleza catalana en 1259. Este primer levantamiento, tenía por objetivo disputarle los derechos, y el predominio de la autoridad real, tomando partido por un hijo natural suyo, Fernando Sánchez de Castro. Ya tenemos liada una primera guerra civil en tierras catalanas, que se saldó cuando el hermanastro de Nacho, el infante Pedro, apioló a su pariente natural y descabezó la rebelión.
¿Les suena de algo? Pues sí. A los habitantes de los condados, parece que les gustan las rebeliones desde muy antiguo. ¿Seria esa la causa de que el rey francés sonriera tanto cuando le cedió el terrenito para siempre?
Ese mismo año, los mudejares valencianos decidieron echarle un pulso al rey, aprovechando que ya rondaba la edad de jubilación, propinándole un disgusto cuando lo derrotaron en Llutxent (1276) Este cabreo se lo llevó a la tumba, quedando sus herederos contentos, y él en paz.
La corona de Aragón se repartió entre Pedro, que obtuvo la corona de Aragón, de Valencia y el condado de Barcelona, reinando como Pedro III; y Jaime, que quedó rey de Mallorca, conde del Rosellón y Cerdaña, y señor de Montpellier.
Alguno dirá que esto no es cierto, que el reino de Aragón se lo dio a su hijo Alfonso. Esto es correcto, pero el infante D. Alfonso, duró lo mismo que una hogaza de pan en la casa de Carpanta, y tuvo la ocurrencia de morirse; no se sabe si la espichó virgen, o sin darle tiempo a dedicarse a los menesteres progenitores. Si se conoce que dejó al pobre Pedro, triste por la muerte del hermano y contentísimo de poseer la corona.
Pedro terminó con la revuelta valenciana que tanto disgustó a su padre en 1277, tras rendir el castillo de Montesa. Poco le duró la tranquilidad a la corona, pues la nobleza catalana encabezada por el conde Roger Bernat de Foix, repitió sublevación. Tras sitiar a los levantiscos nobles en Balaguer, en 1280, los reeducó debidamente, manteniendolos presos durante un año, y haciéndoles el peor daño que se le puede hacer al estereotipo del catalán, ¡tocándoles el canut, mediante fuertes multas!
Pedro III, ha pasado a la historia con el apodo de El Grande, y debió surtir efecto, pues los nobles no volvieron a tocarle las reales narices al monarca. En cuanto a la cuestión de preeminencia con respecto a su hermano Jaime II de Mallorca, tras una larga conversación en Perpiñan, consiguió de él, que le rindiese vasallaje, a cambio de reconocer el derecho por herencia de este, a la corona mallorquina. 
Tras intensos ejercicios de diplomacia de la época, con franceses, moros y castellanos, dejando que su flota recorriera Túnez, dando caña a los bereberes, Pedro III, recibió con mucha alegría el ofrecimiento de los sicilianos de la corona, máxime cuando estos habían desalojado a coste cero para el aragonés, a los franceses de Carlos de Anjou, por el procedimiento express de eliminación directa, en lo que se ha denominado Vísperas Sicilianas.
El Papa del momento, que era partidario de los retoños de Asterix, creyó buena idea excomulgar a Pedro, por haberle desobedecido apropiándose de Sicilia. La guerra entre franceses y aragoneses fue revestida con tintes de Cruzada, por el Papa Martin IV, quien había desposeído a Pedro del derecho a la corona de Aragón.
El monarca tuvo que aguantar una rebelión de la nobleza aragonesa y catalana, que le pusieron las cosas muy difíciles. Los nobles aragoneses mosqueados porque el rey tiraba más para los asuntos catalanes que para los de la corona, y los catalanes que querían sacar tajada de la situación si apoyaban a Pedro...
Con esta situación, y la guerra con Francia en ciernes, el rey les reconoció el Fuero a la la nobleza de Aragón, que luego no quería cumplir, apoyándose en los valencianos, a quienes les dió también un fuero; y... en los catalanes, a quienes les dio privilegios en un estatuto que les benefició y les transmitió un sentimiento erróneo.
Gracias al almirante Roger de Lauria, la flota aragonesa derrotó a la francesa en aguas de Sicilia, dándole a Carlos de Anjou un disgusto de muerte, al saber que su retoño había sido hecho prisionero.
La crisis terminó cuando el rey recibió el apoyo de Castilla e Inglaterra, contra Francia; y porque la flota aragonesa le hizo la pascua a los galos, haciendoles levantar el sitio de Gerona.
Por su parte, Cataluña volvió a tener otro levantamiento, y ya son dos durante el reinado de D. Perico. Esta vez, fueron los humildes quienes se rebelaron, según los catalanistas, como un movimiento de justicia social, que es la manera más simple de justificar una rebelión, contra la autoridad imperante en la época.
Murió Pedro fastidiado con tanta rebelión, y tuvo que soportar que sus súbditos le obligaran a disminuir su autoridad real, mediante la promulgación de fueros y cédulas, que minaban su poder.
Como se puede observar, en todo lo que llevamos contando, ya van tres grandes rebeliones de los catalanes, ¡en menos de 100 años!

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