Habíamos dejado a D Jaime el Conquistador, dueño y señor de sus posesiones, sin trabas tras el tratado de Corbeil. A nuestro buen rey, le crecían los enanos, en forma de nobles levantiscos, tanto aragoneses como catalanes, teniendo que sofocar una revuelta de la nobleza catalana en 1259. Este primer levantamiento, tenía por objetivo disputarle los derechos, y el predominio de la autoridad real, tomando partido por un hijo natural suyo, Fernando Sánchez de Castro. Ya tenemos liada una primera guerra civil en tierras catalanas, que se saldó cuando el hermanastro de Nacho, el infante Pedro, apioló a su pariente natural y descabezó la rebelión.
¿Les suena de algo? Pues sí. A los habitantes de los condados, parece que les gustan las rebeliones desde muy antiguo. ¿Seria esa la causa de que el rey francés sonriera tanto cuando le cedió el terrenito para siempre?
Ese mismo año, los mudejares valencianos decidieron echarle un pulso al rey, aprovechando que ya rondaba la edad de jubilación, propinándole un disgusto cuando lo derrotaron en Llutxent (1276) Este cabreo se lo llevó a la tumba, quedando sus herederos contentos, y él en paz.
La corona de Aragón se repartió entre Pedro, que obtuvo la corona de Aragón, de Valencia y el condado de Barcelona, reinando como Pedro III; y Jaime, que quedó rey de Mallorca, conde del Rosellón y Cerdaña, y señor de Montpellier.
Alguno dirá que esto no es cierto, que el reino de Aragón se lo dio a su hijo Alfonso. Esto es correcto, pero el infante D. Alfonso, duró lo mismo que una hogaza de pan en la casa de Carpanta, y tuvo la ocurrencia de morirse; no se sabe si la espichó virgen, o sin darle tiempo a dedicarse a los menesteres progenitores. Si se conoce que dejó al pobre Pedro, triste por la muerte del hermano y contentísimo de poseer la corona.
Pedro terminó con la revuelta valenciana que tanto disgustó a su padre en 1277, tras rendir el castillo de Montesa. Poco le duró la tranquilidad a la corona, pues la nobleza catalana encabezada por el conde Roger Bernat de Foix, repitió sublevación. Tras sitiar a los levantiscos nobles en Balaguer, en 1280, los reeducó debidamente, manteniendolos presos durante un año, y haciéndoles el peor daño que se le puede hacer al estereotipo del catalán, ¡tocándoles el canut, mediante fuertes multas!
Pedro III, ha pasado a la historia con el apodo de El Grande, y debió surtir efecto, pues los nobles no volvieron a tocarle las reales narices al monarca. En cuanto a la cuestión de preeminencia con respecto a su hermano Jaime II de Mallorca, tras una larga conversación en Perpiñan, consiguió de él, que le rindiese vasallaje, a cambio de reconocer el derecho por herencia de este, a la corona mallorquina.
Tras intensos ejercicios de diplomacia de la época, con franceses, moros y castellanos, dejando que su flota recorriera Túnez, dando caña a los bereberes, Pedro III, recibió con mucha alegría el ofrecimiento de los sicilianos de la corona, máxime cuando estos habían desalojado a coste cero para el aragonés, a los franceses de Carlos de Anjou, por el procedimiento express de eliminación directa, en lo que se ha denominado Vísperas Sicilianas.
El Papa del momento, que era partidario de los retoños de Asterix, creyó buena idea excomulgar a Pedro, por haberle desobedecido apropiándose de Sicilia. La guerra entre franceses y aragoneses fue revestida con tintes de Cruzada, por el Papa Martin IV, quien había desposeído a Pedro del derecho a la corona de Aragón.
El monarca tuvo que aguantar una rebelión de la nobleza aragonesa y catalana, que le pusieron las cosas muy difíciles. Los nobles aragoneses mosqueados porque el rey tiraba más para los asuntos catalanes que para los de la corona, y los catalanes que querían sacar tajada de la situación si apoyaban a Pedro...
Con esta situación, y la guerra con Francia en ciernes, el rey les reconoció el Fuero a la la nobleza de Aragón, que luego no quería cumplir, apoyándose en los valencianos, a quienes les dió también un fuero; y... en los catalanes, a quienes les dio privilegios en un estatuto que les benefició y les transmitió un sentimiento erróneo.
Gracias al almirante Roger de Lauria, la flota aragonesa derrotó a la francesa en aguas de Sicilia, dándole a Carlos de Anjou un disgusto de muerte, al saber que su retoño había sido hecho prisionero.
La crisis terminó cuando el rey recibió el apoyo de Castilla e Inglaterra, contra Francia; y porque la flota aragonesa le hizo la pascua a los galos, haciendoles levantar el sitio de Gerona.
Por su parte, Cataluña volvió a tener otro levantamiento, y ya son dos durante el reinado de D. Perico. Esta vez, fueron los humildes quienes se rebelaron, según los catalanistas, como un movimiento de justicia social, que es la manera más simple de justificar una rebelión, contra la autoridad imperante en la época.
Murió Pedro fastidiado con tanta rebelión, y tuvo que soportar que sus súbditos le obligaran a disminuir su autoridad real, mediante la promulgación de fueros y cédulas, que minaban su poder.
Como se puede observar, en todo lo que llevamos contando, ya van tres grandes rebeliones de los catalanes, ¡en menos de 100 años!
domingo, 17 de junio de 2018
CATALUÑA EN LA HISTORIA (II)
En el primer artículo nos quedamos con la reina D. Petronila de Aragón, casada con el conde D. Ramón Berenguer. De su unión, nació un heredero que llegado el momento ascendió al trono de Aragón. Su nombre Jaime I, que llevaría por apodo El Conquistador.
Nótese que hemos hablado del trono de Aragón, pues D. Jaime era Rey de Aragón y ostentaba por derecho paterno, el de Conde de Barcelona.
Así pues, el buen rey era, por avatares de la herencia, vasallo del rey francés. Deuda adquirida por derecho sucesorio y medieval, desde los tiempos de Carlomagno. Entre las posesiones originarias del reino de Aragón, se encontraba una franja de territorio incrustada más allá los Pirineos, en la parte de la actual Francia: el Rosellón, la Provenza, y vasallos en el mediodía francés; los cuales, tras ser debidamente cepillados y excomulgados a la altura de la nuez, en la batalla de Muret, por mor de eliminar la herejía albigense y el catarismo, y con la anuencia y bendición del Papa del momento, habían pasado a engrosar el territorio del reino.
La situación era complicadilla, pues a ojos del francés, el reino barrado poseía buena parte del territorio allende las montañas, mientras que por otro lado, como conde de Barcelona le debía obediencia al rey franco. Pónganse en la diplomacia del momento, dos reyes con intereses contrapuestos, con una relación de vasallaje del aragonés, con su supuesto señor feudal, y como en esos tiempos, los franceses habían perdido el poder militar del imperio carolingio, no podía hacer valer ese vasallaje. Además, en el tiempo que el aragonés reinaba, se había ampliado la parcela, incluyendo la infraestructura para el turismo moderno.
D. Jaime haciendo honor a su nombre, se apropió de las Islas Baleares, incorporándola a su corona como reino de Mallorca. Después, cumpliendo con una ilusión que tenía desde chavalín, se adueño del reino de Valencia. En todo ese tiempo, las barras de Aragón dominaron el Mediterráneo, sobre genoveses, franceses, pisanos y mahometanos, haciéndole fuerte competencia a los venecianos.
Visto el resultado, el rey francés siguiendo los buenos consejos de sus asesores, decidió resolver el asunto del vasallaje, tirando por la calle de enmedio, no fuera a darle la tramontana al aragonés, y tirase hacia el norte, con almogávares incluidos en la comitiva.
El 11 de mayo de 1258, se firma el Tratado de Corbeil con el rey Luis IX de Francia, por el que este, reconocía los derechos de D. Jaime sobre Rosellón, Conflent, Cerdaña y los condados catalanes (Barcelona, Urgel, Besalú, Ampurias, Gerona y Vic). Así el de Aragón, era dueño de pleno derecho de esos territorios. A cambio, el francés, creo que con ayuda del druida galo de turno, se quedó con la zona del Mediodía, siendo el causante directo de que dos generaciones de españolitos fueran a ponerse morados, viendo el muslamen de las chicas de las pelis de arte y ensayo, en un Perpignan del otro lado de la frontera. De propina, a la reina gala le cedió los condados de Provenza y Folcalquier, las posesiones del marquesado de Provenza y los señorios de Arles, Marsella y Aviñon.
Como prenda del tratado casose la Infanta Isabel de Aragón con Felipe, el hijo de San Luis, quien debía ser un santo para soportar sin mosquearse, a que vino tan espléndido regalo que le hizo el consuegro a su media naranja.
Con este sencillo trámite, D. Jaime ya podía escribir tranquilito sus titulos de señorio, los cuales, tal como demuestran los escritos, que hizo tan aguerrido y noble rey, eran por orden de aparición, en la firma, los siguientes:
Rey de Aragón, de Mallorca, de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpellier.
Esta claro como el agua, nunca hubo un reino catalán. Los condados catalanes sólo fueron eso, condados. No ha habido nunca paises catalanes, el único y verdadero reino es el de Aragón. Alguno dirá que Valencia y Mallorca también lo fueron, pero ambos pertenecieron desde la conquista de D. Jaime, a la corona de Aragón.
En la tercera entrega , hablaremos de las vicisitudes posteriores, que no fueron pocas.
Nótese que hemos hablado del trono de Aragón, pues D. Jaime era Rey de Aragón y ostentaba por derecho paterno, el de Conde de Barcelona.
Así pues, el buen rey era, por avatares de la herencia, vasallo del rey francés. Deuda adquirida por derecho sucesorio y medieval, desde los tiempos de Carlomagno. Entre las posesiones originarias del reino de Aragón, se encontraba una franja de territorio incrustada más allá los Pirineos, en la parte de la actual Francia: el Rosellón, la Provenza, y vasallos en el mediodía francés; los cuales, tras ser debidamente cepillados y excomulgados a la altura de la nuez, en la batalla de Muret, por mor de eliminar la herejía albigense y el catarismo, y con la anuencia y bendición del Papa del momento, habían pasado a engrosar el territorio del reino.
La situación era complicadilla, pues a ojos del francés, el reino barrado poseía buena parte del territorio allende las montañas, mientras que por otro lado, como conde de Barcelona le debía obediencia al rey franco. Pónganse en la diplomacia del momento, dos reyes con intereses contrapuestos, con una relación de vasallaje del aragonés, con su supuesto señor feudal, y como en esos tiempos, los franceses habían perdido el poder militar del imperio carolingio, no podía hacer valer ese vasallaje. Además, en el tiempo que el aragonés reinaba, se había ampliado la parcela, incluyendo la infraestructura para el turismo moderno.
D. Jaime haciendo honor a su nombre, se apropió de las Islas Baleares, incorporándola a su corona como reino de Mallorca. Después, cumpliendo con una ilusión que tenía desde chavalín, se adueño del reino de Valencia. En todo ese tiempo, las barras de Aragón dominaron el Mediterráneo, sobre genoveses, franceses, pisanos y mahometanos, haciéndole fuerte competencia a los venecianos.
Visto el resultado, el rey francés siguiendo los buenos consejos de sus asesores, decidió resolver el asunto del vasallaje, tirando por la calle de enmedio, no fuera a darle la tramontana al aragonés, y tirase hacia el norte, con almogávares incluidos en la comitiva.
El 11 de mayo de 1258, se firma el Tratado de Corbeil con el rey Luis IX de Francia, por el que este, reconocía los derechos de D. Jaime sobre Rosellón, Conflent, Cerdaña y los condados catalanes (Barcelona, Urgel, Besalú, Ampurias, Gerona y Vic). Así el de Aragón, era dueño de pleno derecho de esos territorios. A cambio, el francés, creo que con ayuda del druida galo de turno, se quedó con la zona del Mediodía, siendo el causante directo de que dos generaciones de españolitos fueran a ponerse morados, viendo el muslamen de las chicas de las pelis de arte y ensayo, en un Perpignan del otro lado de la frontera. De propina, a la reina gala le cedió los condados de Provenza y Folcalquier, las posesiones del marquesado de Provenza y los señorios de Arles, Marsella y Aviñon.
Como prenda del tratado casose la Infanta Isabel de Aragón con Felipe, el hijo de San Luis, quien debía ser un santo para soportar sin mosquearse, a que vino tan espléndido regalo que le hizo el consuegro a su media naranja.
Con este sencillo trámite, D. Jaime ya podía escribir tranquilito sus titulos de señorio, los cuales, tal como demuestran los escritos, que hizo tan aguerrido y noble rey, eran por orden de aparición, en la firma, los siguientes:
Rey de Aragón, de Mallorca, de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpellier.
Esta claro como el agua, nunca hubo un reino catalán. Los condados catalanes sólo fueron eso, condados. No ha habido nunca paises catalanes, el único y verdadero reino es el de Aragón. Alguno dirá que Valencia y Mallorca también lo fueron, pero ambos pertenecieron desde la conquista de D. Jaime, a la corona de Aragón.
En la tercera entrega , hablaremos de las vicisitudes posteriores, que no fueron pocas.
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