miércoles, 8 de agosto de 2012

Acaecimientos en la Gran Regata de Cádiz 2012

Del 25 al 29 de julio se celebró la Gran Regata en Cádiz, con motivo de la conmemoración del bicentenario de la Constitución de 1812 ("La Pepa" para los Cai-manes y los amigos)
Esta edición era la cuarta, ya que se celebró en otras tres ocasiones anteriores. Para un aficionado a la Historia, esta debería haber sido la mejor, pero la realidad es que ha sido una decepción. Si además, el aficionado es marino y "beduino de Cái", el evento se mira con un "catalejo crítico" y se compara todo con lentes de aumento.
Para empezar a levantar presión en calderas, el día 26, que estaba programado que se podrían visitar los barcos, resultó un fiasco, porque las visitas quedaron restringidas a las autoridades nacionales, internacionales, autonómicas, provinciales, locales y todos los adjetivos "ales" que el lector quiera darles.
La promesa de que se visitarían más tarde, quedó en eso, ya que la mayoría de los buque no fueron abiertos a las visitas, ni ese día ni los restantes.
Gran contraste con el evento de 1992, en que hubo más buques y se pudieron ver todos. Este año, el visitante ha tenido que soportar largas colas, que en el caso de nuestro "Elcano" eran kilométricas, lo que no es de extrañar, si tenemos en cuenta que es el buque escuela de nuestra Armada y además, de los más antíguos a flote (aparte del mejor, por supuesto)
A estas alturas, me comunica el Jefe, que la presión alcanza ya los 200 bares, con lo que hartos de pulular de un lado para otro por todo el puerto, arrumbamos a un centro de repostaje, buscando llenar los tanques con "pescaito frito" y "caldo de alto octanaje" de la zona, para lo cuál, nos decidímos por uno llamado "Bajamar"
Al entrar saltan las alarmas de "zanfarrancho" cuando divisamos mesa libre, pero a la postre y tras media hora de espera y varios avisos a los camareros que pululaban por allí, se nos acerca uno que nos promete ponernos el mantel enseguida. Esa palabra debía ser un espacio de tiempo abstracto y variable, ya que para los comensales nos parecía una eternidad y para el camarero debía ser el tiempo que se tarda en llegar y volver de Plutón, ese planeta descendido de categoría por las nuevas observaciones científicas.
Como el lector ha adivinado, la presión rozaba ya la marca roja, por lo cuál zarpamos de aquél antro y reinicamos la búsqueda de un lugar donde saciar nuestros compartimentos vacíos.
Al final dimos en recalar en la Asociación de Empleado Municipales, donde nos recibieron como si fueramos "guiris", largándonos un cazón en ¿adobo? que sólo había visto el adobo como el último paso del cometa "Haley" a larga distancia y con telescopio. Para colmo debían andar mal de platos porque no pusieron ninguno. Total que el apartado de la "logística" no es precísamente de guía Michelín; en la "Fonda del Sopapo" nos hubieran atendido mejor.
Que diferencia con las otras regatas, donde la "hostelería de Cái" se volcó y dió servicio de calidad.
Como los hechos han sido muchos dan para más de una entrada, así que en la próxima continuaré relatando las penurias y decepciones de un evento que debió salir perfecto y ha sido con mucho el peor y más desorganizado de todos.

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